Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 10 de diciembre de 1830 - Ibídem, 15 de mayo de 1886) fue una poeta estadounidense, su poesía apasionada la ha colocado en el reducido panteón de poetas fundamentales estadounidenses junto con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman.
Dickinson procedía de una familia de prestigio y poseía fuertes lazos con su comunidad, aunque vivió gran parte de su vida recluida en su casa. Tras estudiar durante siete años en Amherst Academy, asistió brevemente al seminario femenino Mount Holyoke antes de regresar a la casa familiar en Amherst. Sus vecinos la consideraban excéntrica; tenía predilección por vestir siempre ropa blanca, era conocida por negarse a saludar a los invitados y en los últimos años de su vida, por ni siquiera querer salir de su habitación. Dickinson nunca se casó y la mayoría de amistades que tenía dependían completamente de la correspondencia.
En la intimidad de su hogar Dickinson era una prolífica poeta; sin embargo, durante su vida no se llegó a publicar ni una docena de sus casi 1800 poemas. a El trabajo publicado durante su vida fue alterado significativamente por los editores, adaptándolos a las reglas y convenciones poéticas de la época. No obstante, los poemas de Dickinson son únicos en comparación con los de sus contemporáneos: contienen líneas cortas, por lo general carecen de título, contienen rimas consonantes imperfectas [half rhyme] y una puntuación poco convencional.1 Muchos de sus poemas se centran en temas relacionados con la muerte y la inmortalidad, dos temas también recurrentes en las cartas que enviaba a sus amigos.
Los conocidos de Dickinson probablemente sabían de sus escritos pero no fue hasta después de su muerte, en 1886, cuando Lavinia, la hermana pequeña de Dickinson, descubrió los poemas que Emily guardaba y se logró hacer evidente la amplitud de su obra. Su primera colección de poesías se publicó en 1890 por conocidos personajes como Thomas Wentworth Higginson y Mabel Loomis Todd, aunque alteraron significativamente los originales. El erudito Thomas H. Johnson publicó en 1955 una colección completa de Dickinson, la primera de su poesía, y en su mayoría sin cambios. A pesar de que tuvo una crítica y recepción desfavorable y escéptica entre finales del siglo xix y principios del xx, Emily Dickinson está considerada de forma casi universal como una de las más importantes poetisas estadounidenses de todos los tiempos.23
Índice
- 1Entorno social y familiar
- 2Contexto histórico
- 3Su vida
- 4Principales influencias
- 5Su poesía
- 6Tres poemas de Emily Dickinson
- 7Traducciones al castellano
- 8Emily Dickinson en la cultura popular
- 9Véase también
- 10Notas
- 11Referencias
- 12Bibliografía
- 13Enlaces externos
Entorno social y familiar[editar]
Emily Dickinson provenía de una prominente familia de Nueva Inglaterra. Sus antepasados habían llegado a Estados Unidos en la primera oleada migratoria puritana4 y la estricta religión protestante que profesaban influyó sobre la obra de la artista.
Abogados, educadores y funcionarios políticos poblaban el árbol genealógico de Emily; uno de sus antepasados fue secretario del Ayuntamiento de Wethersfield, Connecticut en 1659. Su abuelo Samuel Fowler Dickinson fue secretario del Ayuntamiento, representante en la Corte General, senador en el Senado Estatal y durante cuarenta años juez del condado de Hampton, Massachusetts.
El padre de la poeta, Edward Dickinson, abogado por la Universidad Yale, fue juez en Amherst, representante en la Cámara de Diputados de Massachusetts, senador en la capital del Estado y por último, representante por el estado de Massachusetts en el Congreso de Washington. Edward fundó la línea ferroviaria Massachusetts Central Railroad y, además, el Amherst College junto con Samuel, su padre. 56
El socio del bufete jurídico de Edward Dickinson era primo de Ralph Waldo Emerson que, por este motivo, siempre estuvo ligado al pueblo de Amherst, influyendo sobre la filosofía y la obra de Emily. La esposa de Edward y madre de la poeta fue Emily Norcross Dickinson (1804–1882), al fin de su vida estuvo postrada y a cargo de sus hijas. Emily Dickinson tuvo dos hermanos: el mayor, William Austin Dickinson (1829–1895), generalmente conocido por su segundo nombre, se casó en 1856 con Susan Gilbert, amiga de su hermana Emily, y vivió en la casa lindante con la de su padre. Su hermana menor, Lavinia Norcross Dickinson (1833–1899), también conocida como «Vinnie», fue la que descubrió las obras de Emily tras su muerte y se convirtió en la primera compiladora y editora de su poesía.
Contexto histórico[editar]
Emily Dickinson nació en tiempos anteriores a la Guerra de Secesión, en donde fuertes corrientes ideológicas y políticas chocaban en la sociedad de clase media-alta estadounidense.
Incluso los hogares más acomodados carecían de agua caliente y de baños dentro de la casa, y las tareas hogareñas representaban una carga enorme para las mujeres; sin embargo, por la buena posición económica, la familia Dickinson disponía de una sirvienta irlandesa. Debido a la situación de la Nueva Inglaterra en esa época, Dickinson constituía un caso raro para la sociedad rural por su preocupación por obtener una buena educación.
La severa religiosidad puritana se hacía presente en todas partes y la única expresión artística aceptada era la música del coro de la iglesia. La ortodoxia protestante de 1830 consideraba a las novelas una «literatura disipada»; los juegos de naipes y la danza no estaban permitidos; no había conciertos de música clásica y no existía el teatro. No se toleraba la presencia de mujeres solas en reuniones por fuera del té cotidiano entre vecinas y, la Pascua y la Navidad no se celebraron hasta 1864, cuando se estableció la primera Iglesia Episcopal en Amherst la cual introdujo esas costumbres.
Una vez fundado el Amherst College, por el abuelo y el padre de Emily, la unión entre la institución y la iglesia provocó que se comenzaran a formar misioneros que, eventualmente, salieron de Amherst para propagar los ideales protestantes por los rincones más remotos del planeta. El ocasional regreso de alguno de estos religiosos introdujo nuevas ideas, visiones y conceptos en la conservadora sociedad del pueblo, que de este modo comenzó a tomar contacto con el mundo exterior y se inclinó a abandonar las viejas costumbres y creencias más rápido que otras zonas de la región.
Su vida[editar]
Infancia, adolescencia y estudios[editar]
Sus hermanos y cuñada[editar]
Emily Dickinson nació en el hogar de sus padres el 10 de diciembre de 1830,7 dos años después de que sus padres contrajeran matrimonio. Muy apegada a los ideales y conceptos puritanos en boga, tardó muchos años en comenzar a rebelarse, aunque nunca de forma completa.
Emily prácticamente no recordaba a sus abuelos ni a sus tíos, a pesar de ello, de niña tuvo mucha relación con dos pequeñas primas huérfanas, a las cuales ayudó a educar e incluso, a una de ellas, Clara Newman, le llegó a leer en secreto algunos de sus poemas.
Es imposible reconstruir de forma completa la infancia de la poeta, son escasos y fragmentarios los datos que poseen los investigadores. No obstante, se conoce que el hermano mayor de Emily, William Austin Dickinson, un año y medio mayor que ella, nació el 16 de abril de 1829. Él se educó en el Amherst College y se convirtió, al igual que su padre, en abogado al graduarse de la Universidad Harvard.
Austin Dickinson se casó en 1856 con Susan Huntington Gilbert, ex compañera de estudios de Emily en la Academia de Amherst, quien parece haber cumplido un importante papel en la vida emocional de la escritora. Susan Gilbert, al mudarse con Austin a la casa contigua a donde vivía Emily, se convirtió en amiga y confidente de la poeta, y consta por la correspondencia mantenida «alambrada por medio» que su cuñada fue la segunda persona a quien le mostró sus poemas. Incluso se atrevió a sugerirle a Emily algunos cambios y retoques que no fueron realizados jamás. Así mismo, se ha propuesto que Susan fue la destinataria de cerca de trescientos de los poemas de amor de Dickinson y, que este amor era correspondido.8
Lavinia Dickinson, su hermana menor, nacida el 28 de febrero de 1833, fue su compañera y amiga hasta el fin de su vida. Las pocas confidencias íntimas que se conocen de Emily provienen de Lavinia. «Vinnie» sentía una profunda adoración por su hermana y por su talento poético; sin embargo, respetó hasta la muerte de Emily la decisión de mantener ocultas sus obras, y también protegió su vida privada hasta donde le fue dado hacerlo, creando y manteniendo el ambiente de calma, aislamiento y soledad que Emily necesitaba para dar forma a su gran producción poética. La fe de Lavinia en las obras de su hermana, permitió su protección para la posteridad, hasta su primera publicación póstuma. La devoción de Lavinia fue la responsable de hacer comprender al biógrafo de Emily, George Frisbee Wicher, y al mundo que «la poeta lírica más memorable de Estados Unidos había vivido y muerto en el anonimato».
Años de formación[editar]
La Academia de Amherst era sólo para varones, a pesar de ello, en 1838 se abrió por primera vez la inscripción de niñas y en 1840, Edward Dickinson y su esposa inscribieron a Emily.
A pesar de su humildad —escribió «Fui a la escuela pero no tuve instrucción»— la educación de Emily en la academia fue sólida y completa. Allí aprendió literatura, religión, historia, matemáticas, geología y biología. Recibió una sólida instrucción en griego y latín que le permitía, por ejemplo, leer la Eneida de Virgilio en su idioma original.
El punto más flojo de la educación de Dickinson fueron sin duda las matemáticas, para las cuales no tenía facilidad y no le gustaban. Su talento narrativo hizo que escribiera las composiciones de sus compañeras que, en retribución, le hacían las tareas de álgebra y geometría.
De este período se conserva una carta a su amiga Jane Humphrey, escrita a los once años de edad, que muestra un estilo académico y risueño: «Hoy es miércoles, y ha habido clase de oratoria. Un joven leyó una composición cuyo tema era "Pensar dos veces antes de hablar". Me pareció la criatura más tonta que jamás haya existido, y le dije que éldebiera haber pensado dos veces antes de escribir».
El rector de la academia en ese entonces, era un experimentado educador recién llegado de Berlín. Edward Dickinson sugirió a su hija que se inscribiera en los cursos de alemánque el rector impartía, puesto que con seguridad no tendría otra ocasión de aprender ese idioma en el futuro. Además, Emily estudiaba piano con su tía, tenía canto los domingos y también jardinería, floricultura y horticultura; estas últimas pasiones no la abandonarían hasta el fin de su vida.
La educación de Emily Dickinson fue, por tanto, mucho más profunda y sólida que las de las demás mujeres de su tiempo y lugar. Sin embargo, en ocasiones la muchacha, cuya salud no era muy buena, se sentía saturada y sobreexigida. A los catorce años escribe a una compañera una carta donde decía: «Terminaremos nuestra educación alguna vez, ¿no es verdad? Entonces tú podrás ser Platón y yo Sócrates, siempre y cuando no seas más sabia que yo».
Interés por las ciencias[editar]
La Academia y el Colegio de Amherst disponían de un claustro de profesores compuesto por científicos de fama nacional, entre los que se encontraban los biólogos Edward Hitchcock y Charles Baker Adams, y el geólogo Charles Upham Shepard, los cuales llevaron al colegio sus enormes colecciones de especímenes. En 1848 cuando la poeta tenía dieciocho años, ambas instituciones construyeron un importante observatorio astronómico con un buen telescopio, y gabinetes para guardar las colecciones.
Todo esto estimuló el interés de Dickinson por las ciencias naturales, conocía desde temprana edad los nombres de todas las constelaciones y estrellas, y se dedicó con entusiasmo a la botánica. Sabía perfectamente dónde encontrar cada especie de flor silvestre que crecía en la región y las clasificaba correctamente según la nomenclatura binomial en latín. Toda esta erudición científica quedó firmemente guardada en su memoria y fue utilizada para la trama naturalista de sus poemas muchos años después.
Seminario en Mount Holyoke[editar]
El Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke también recibió a Emily Dickinson para ayudar a su formación religiosa y completar su educación superior. En 1847, la jovencita abandonó el hogar familiar por primera vez para estudiar en dicho seminario.
Dickinson, con apenas dieciséis años, era una de las más jóvenes de entre las 235 estudiantes de Mount Holyoke, las cuales eran custodiadas por un selecto grupo de jóvenes maestras de entre veinte y treinta años de edad. La adolescente superó sin problemas los estrictos exámenes de admisión y se mostró muy satisfecha por la educación que se impartía en el seminario.
Allí intentaron que Emily se volcara de lleno en la religión para dedicarse a misionar en el extranjero, pero tras un profundo examen de conciencia Dickinson encontró que aquello no le interesaba y se negó, quedando inscrita en el grupo de setenta alumnas a las que se consideró «no convertidas».
A pesar de ello, Emily y su portentosa imaginación eran muy populares en el seminario, una condiscípula escribió que «Emily siempre estaba rodeada en los recreos por un grupo de niñas ansiosas de escuchar sus relatos extraños y enormemente divertidos, siempre inventados en el momento».
En menos de un año, Emily superó el curso completo, principalmente, por sus profundos conocimientos de latín. Aprobó rápidamente Historia Inglesa y Gramática obteniendo excelentes calificaciones en los exámenes finales, que eran orales y públicos. El curso siguiente se refería a Química y Fisiología y el tercero, a Astronomía y retórica, todas ellas materias sobre las que, como queda dicho, Emily tenía profundos conocimientos. Los profesores, a la vista de su evidente dominio de la Botánica, le dieron esta materia por aprobada sin necesidad de cursarla ni de rendir exámenes.
En la primavera Emily enfermó y ya no pudo permanecer en el seminario. Edward Dickinson envió a Austin a buscarla y traerla de regreso. Después de esta segunda experiencia académica de su vida, Emily Dickinson ya no volvió a estudiar nunca más.
Amores ocultos[editar]
Teorías y habladurías[editar]
La vida privada de Emily Dickinson ha permanecido siempre velada al público, pero sólo hace falta echar una mirada a sus poemas para descubrir en ellos una coherencia, pasión e intensidad extraordinarias. La mayor parte de sus obras se ocupan de su amor hacia alguien, un hombre o una mujer, cuyo nombre jamás es mencionado, y con quien no podía casarse.
Lamentablemente, como la poesía de Emily fue publicada en un orden completamente arbitrario, no se puede distinguir hoy en día ninguna secuencia cronológica concreta, lo que destruye la posible progresión dramática que narraría la sucesión de emociones que sintió hacia esta persona desconocida, sin duda, una capital de importancia en la vida de la artista y que pudo tener influencia, incluso, en su decisión de autorrecluirse.
Objeto de numerosas habladurías durante su vida y de muchas más después de su muerte, la vida emocional e íntima de Emily espera aún a ser revelada por los investigadores y estudiosos. La posible exageración de su vida la contradice la propia poeta al escribir: «Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para molestar a nadie». Aunque tal vez esta frase sólo se refiera a los hechos de su vida y no a sus sentimientos profundos.
Ya entre 1850 y 1880, circulaban por Massachusetts numerosos rumores acerca de los amores de la hija del juez Dickinson y, después de la publicación de su primer libro de poemas, cundieron las habladurías acerca de su desdichada «historia de amor».
Las teorías populares o académicas pueden dividirse en dos grupos, el amor con un joven a quien Edward Dickinson le prohibió seguir viendo o la relación con un pastor protestante casado que huyó a una ciudad distante a fin de no sucumbir a la tentación. Ambas, aún sin poder ser comprobadas, tienen un pequeño trasfondo de verdad histórica. Tampoco se debe descartar la hipótesis que sostienen algunos biógrafos más actuales, según la cual Emily estuvo profundamente enamorada de su consejera, amiga y cuñada, la esposa de su hermano mayor, quien vivía junto a su casa.
Una de las primeras teorías se refiere a un estudiante de ciencias jurídicas que trabajó en el estudio legal de Edward durante el año en que Emily estuvo en Mount Holyoke, y el año después a ese. La segunda se basa en la, como ella misma escribió, «intimidad de muchos años» con un importante religioso que le fue presentado en Filadelfia en 1854. A pesar de que ambas relaciones en verdad tuvieron lugar, no existe ni la más mínima prueba de que Emily Dickinson haya sido novia, ni amante de ninguno de ellos; ni siquiera de que se viera con ellos a solas en ninguna ocasión.
Más fructífera fue la relación de amistad «profunda y confidente» con su cuñada Susan Huntington. Ella fue una de las pocas personas a quienes Emily le compartió sus poemas y en la actualidad, se cree que fue la verdadera inspiración amorosa de al menos varias centenas de ellos.
Los guías y mentores[editar]
Durante toda su vida, Emily se puso en manos de hombres a los que consideraba más sabios que ella y que podían indicarle qué libros debía leer, cómo debía organizar sus conocimientos y allanarle el camino del arte que ella pretendía recorrer. El último y mejor documentado, Thomas Wentworth Higginson, descubrió el 5 de abril de 1862, cuando la poeta tenía 31 años, que él no era su primer maestro. Higginson es aquél a quien Emily siempre llama Master en sus cartas y a quien la voz popular ha adjudicado el mote de «Maestro de las cartas».
En ese año de 1862, en la segunda carta que le escribe, la poeta dice textualmente: «Cuando era pequeña, tuve un amigo que me enseñó lo que era la inmortalidad, pero se aproximó demasiado a ella y nunca regresó. Poco después murió mi maestro, y durante largos años mi única compañía fue el diccionario. Luego encontré a otro, pero no quería que yo fuese su alumna y se fue de la región».
Los dos hombres que Dickinson menciona en su carta a Higginson son, en verdad, los protagonistas de sus poemas de amor. Ella misma lo expresa en otras cartas, y no existen motivos para negarlo. Sin embargo, sus respectivas identidades deberían esperar siete décadas para ser desveladas.
La carta perdida[editar]
En 1933, un coleccionista de autógrafos publicó su catálogo, y en su colección apareció una carta inédita de Emily Dickinson que vendría a echar luz sobre el nombre del «amigo que le enseñó la inmortalidad».
La misiva, fechada el 13 de enero de 1854, está dirigida al reverendo Edward Everett Hale, que en esos tiempos era el pastor de la Iglesia de la Unidad en Worcester: «Pienso, señor, que como usted era el pastor del señor B. F. Newton, que murió hace algún tiempo en Worcester, puede satisfacer mi necesidad de enterarme de si sus últimas horas fueron alegres. Yo lo apreciaba mucho, y me gustaría saber si descansa en paz».
La carta continúa explicando que Newton trabajaba con su padre, y que ella, no siendo más que una niña, se sintió fascinada por su colosal intelecto y sus notables enseñanzas. Dice que el señor Newton fue para ella un preceptor amable pero serio, que le enseñó qué autores debía leer, a qué poetas admirar y muchas enseñanzas artísticas y religiosas.
Pregunta a Hale si él cree que Newton está en el paraíso, y recuerda que «me enseñaba con fervor y con cariño, y cuando se fue de nuestro lado se había convertido en mi hermano mayor, querido, añorado y recordado».
Benjamin Franklin Newton[editar]
Nacido en Worcester el 19 de marzo de 1821 y, por lo tanto, diez años mayor que Dickinson. Benjamin F. Newton causó tan profunda impresión en la poeta que, no bien lo hubo conocido, escribió a su amiga, vecina y futura cuñada Susan Gilbert una carta fechada en 1848 donde le dice: «He encontrado un nuevo y hermoso amigo».
Newton permaneció dos años con los Dickinson y, por los motivos que fuesen, incluida una supuesta prohibición de Edward para que siguiera frecuentando a su hija, abandonó Amherst a finales de 1849 para nunca más regresar.
De vuelta en su ciudad natal se dedicó al derecho y al comercio, en 1851 se casó con Sarah Warner Rugg, 12 años mayor que él. Para estos tiempos Newton estaba ya gravemente enfermo de tuberculosis, dolencia que lo llevó a la muerte el 24 de marzo de 1853, a los 33 años de edad, diez meses antes de que Emily escribiese al pastor Hale preguntando por sus últimos momentos.
El encanto que Newton provocó en Emily Dickinson vino de la mano de la literatura, aunque Edward Dickinson le compraba muchos libros, le pedía a la muchacha que no los leyera, porque su vieja y conservadora mentalidad puritana temía que pudiesen afectar su espíritu. Edward Dickinson despreciaba especialmente a Dickens y a Harriet Beecher Stowe, lo que su hija deploró muchos años más tarde.
Newton, en cambio, obsequió a Emily un ejemplar de los Poemas de Emerson y le escribió apasionadas cartas donde, en forma velada, intentaba prepararla para su muerte inminente. Dice Emily a Thomas Higginson, hablando de una carta que había recibido de Newton: «Su carta no me emborrachó, porque ya estoy acostumbrada al ron. Me dijo que le gustaría vivir hasta que yo fuese una poetisa, pero que la muerte tenía una potencia mayor que la que yo podía manejar». Otra carta al «Maestro» dice que «mi primer amigo me escribió la semana anterior a su muerte: “Si vivo, iré a Amherst a verte; si muero, ciertamente lo haré”». Veintitrés años más tarde, Emily Dickinson aún seguía citando de memoria las palabras de estas últimas cartas de su amigo de la juventud.
Los motivos de la vuelta de Newton a Worcester no están claros, pero el repudio de Edward Dickinson a un posible romance no es una causa improbable. Newton era pobre, progresista y tenía tuberculosis en la fase terminal. No era, a buen seguro, la clase de partido que el juez de Amherst deseaba para su adorada hija, y menos aún una buena influencia a los ojos del puritano padre.
Charles Wasdworth[editar]
Mientras Emily luchaba con la elaboración del duelo que había desatado en ella la muerte de Newton, conoció en Filadelfia en mayo de 1854 al reverendo Charles Wadsworth, a la sazón pastor de la Iglesia Presbiteriana de Arch Street. Wadsworth tenía 40 años y estaba felizmente casado, pero igualmente causó una profunda impresión en la joven poeta de 23: «Él fue el átomo a quien preferí entre toda la arcilla de que están hechos los hombres; él era una oscura joya, nacida de las aguas tormentosas y extraviada en alguna cresta baja».
Si bien no es seguro que Emily haya sentido una fuerte atracción erótica hacia Newton, no existe duda alguna de que durante toda su vida posterior estuvo profundamente enamorada de Wadsworth. El pastor murió el 1 de abril de 1882, mientras que Newton falleció un 24 de marzo. En otoño de ese mismo año ella escribió: «Agosto me ha dado las cosas más importantes; abril me ha robado la mayoría de ellas». Al pie del texto se lee la siguiente y angustiosa pregunta: «¿Es Dios enemigo del amor?».
Al cumplirse el primer año de la muerte de Charles Wadsworth escribió: «Toda otra sorpresa a la larga se vuelve monótona, pero la muerte del hombre amado llena todos los momentos y el ahora. El amor no tiene para mí más que una fecha: 1 de abril, ayer, hoy y siempre».
Si a partir de estas confesiones queda claro el enorme impacto amoroso que Wadsworth tuvo sobre la vida de Dickinson, no hay prueba alguna de que ella haya sido importante para él. Tímido y reservado, no existe constancia de que se haya fijado en Emily en aquellas oportunidades.
Sin embargo, el único cuadro que colgaba en la habitación de la poeta era un retrato en daguerrotipo del pastor de Filadelfia. Es interesante destacar que el profundo y eterno amor de Emily se generó y consolidó en sólo tres entrevistas, aunque hay indicios de un cuarto posible encuentro. Su hermana Lavinia, que vivió con ella toda su vida, jamás conoció a Charles Wadsworth hasta la última vez.
No quedan documentos de las dos primeras ocasiones en que Wadsworth se encontró con Emily, por lo que nunca conoceremos los verdaderos motivos por los que el pastor abandonó la costa Este de los Estados Unidos y se fue a predicar a San Francisco en la primavera de 1861, en plena Guerra Civil.
Pero ella nunca lo olvidó. En 1869 Dickinson se enteró de que Wadsworth estaba de regreso en Filadelfia, y comenzó a escribirle cartas en 1870.
Pero pasaron veinte años antes de que volvieran a verse. Una tarde del verano de 1880, Wadsworth golpeó a la puerta de la casa de los Dickinson. Lavinia abrió y llamó a Emily a la puerta. Al ver a su amado, se produjo el siguiente diálogo, perfectamente documentado por Wicher. Emily le dijo: «¿Por qué no me ha avisado de que venía, a fin de prepararme para su visita?», a lo que el reverendo respondió «Es que yo mismo no lo sabía. Me bajé del púlpito y me metí en el tren». Ella le preguntó, refiriéndose al trayecto entre Filadelfia y Amherst: «¿Y cuánto ha tardado?». «Veinte años», susurró el presbítero.
Charles Wadsworth murió dos años después, cuando Emily tenía 51 años, dejándola sumida en la más absoluta desesperación. A continuación se adjunta una carta o más bien un declaración proveniente de un escrito recogido de una serie de notas auto-bibliográficas:
Amigos, mi amada Emily, me ha enseñado una lección valiosa, e intencionalmente importante: que la poesía una vez diseñada, debe llevar el sello indiscutible de tu corazón. Oh, caballero, pero eso ya lo sabemos e inenarrable sería el razonamiento -expondrán algunos-. Pues no, no es ese el característico signo de calidad al que hago referencia en esta conversación; más bien, al punto, donde las rimas: pareado, terceto, soleá, sextina, lira etc; no importan, y han escuchado correctamente, no importan; sino la creatividad como única lente de peso. Por favor permítanme exponérselos de un modo algo un poco más gráfico. Ciertos poetas escriben de esta manera: El horizonte, rojizo y extenso, rebosa de llanto en el atardecer,y la sonrisa, lozana y disuelta, se dispersa al amanecer, Ahora esto es lo que enseña mi adorable Emily: El horizonte reposa sobre las lágrimas del atardecer, llora, y en tanto antes del amanecer, una sonrisa, se dispersa en el cobijo del horizonte. ¿Lo ven? Ella obra sobre la poesía de una forma sin reglas, no sigue un método de -así es como se debe escribir un poema-. ¡No! A ella, eso poco le interesa, y con ello demuestra que, la poesía, debe escribirse de acuerdo a la personalidad del individuo; y no siguiendo obligados diagramas de versos y rimas, etc, etceterum. El que maneje y disponga de tales herramientas y lo quiera llevar a cabo, que lo haga; pero, si existe alguien en este orbe del universo que desee romper y me refiero a descuartizar las típicas y lógicas reglas de la composición, que también lo haga; después de todo, uno escribe para sí mismo no para el ego cultural de los demás.
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